Durante la mayor parte de su vida, Aureliano Buendía se dedica a luchar contra el gobierno.
En mayo terminó la guerra y el coronel Aureliano Buendía cayó prisionero, había sido condenado a muerte, y la sentencia sería ejecutada en Macondo.
¡Hijo mío!
Váyase a casa, mamá.Pida permiso a las autoridades y vengaa verme a la cárcel.
Desde el momento en que entró al cuarto, Úrsula se sorprendió por la madurez de su hijo, por su aura de dominio, por el resplandor de autoridad que irradiaba su piel.
-Es increíble como envejeció el pueblo en un año.
-Así es, pero no tanto.
-¿Qué esperabas?El tiempo pasa.
Úrsula se mordió los labios para no llorar y dio media vuelta y salio del cuarto.
Y ahora no se despida, no supliqué a nadie ni se rebaje ante nadie. Hágase el cargo que me fusilaron hace mucho tiempo.
Pasaron los días y el coronel todavía no había sido fusilado, los militares no se atrevían a ejecutar la sentencia.
Todo el mundo anda diciendo que el oficial que fusile al coronel Aureliano Buendía, y todos los soldados del pelotón, uno por uno, serán asesinados sin remedio.
En el correo del lunes llegó la orden oficial: la ejecución debía cumplirse en el término de veinticuatro horas.Esa noche los oficiales metieron en una gorra sus nombres y se sorteo quienes iban a ser el pelotón de fusilamiento.
- Capitán Roque Carnicero
Salió mi nombre...Nací hijo de puta y muerohijo de puta.
No es hasta que queda harto de tanta batalla que Buendía se retira a Macondo, a la vieja platería donde de joven había aprendido a forjar pescaditos de oro, lugar en el que su soledad, implacable, se hace evidente tanto para él como para los que lo rodean.
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