Doña Prudencia Linero tomó un bote de Buenos Aires al puerto de Nápoles.Cuando se estaba bajando del bote una señora grito porque vio a un señor ahogado. Doña Prudencia lo vio y eso le presentó un gran disgusto enItalia.
Quiero ir a confesarme con el papa.
Tristemente no creo que eso se pueda hacer.
Cuando llego a la ciudad un oficial que la ayudó en el bote la asistió a acomodarse en Nápoles. La ayudó a cambiar su plata y a situarse en el hotel.
¿Qué les paso?
Cuando llegó a su dormitorio se puso a llorar y horar por la reciente muerte de su esposo y porque ella tenía mucha familia y ninguna de las personas en ella la visitaban o cuidaban.
¡Habían 17 hombres en camillas envenenados!
Se sentó a disfrutar su bebida y vio a un cura en la punta de la cafetería comiendo pan. El cura se le acercó pidiendo limosna y ella le dijo que quería ir a Roma a que el Papa la confesará. El cura le dijo a la Doña que eso no era posible porque el Papa sólo confesaba a la gente en casos extremos.
Ella salió de la cafetería muy decepcionada y cuando estaba llegando a su hotel vio a una multitud de gente que no la dejaba ver lo que estaba pasando. Ella se asomó y vio una ambulancia y 17 hombres en camillas.
Ella se dirigió hasta su cuarto y ya se quería ir de Italia. Ahí fue cuando escuchó a la gente de su hotel diciendo que la gente en las comillas eran unos ingleses envenenados.
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