cerca de un mes entero he estado sin escribir; tumbado boca arriba sobre eljergón; viendo pasar las horas, esas horas que a veces parecen tener alas y aveces se nos figuran como paralíticas; dejando volar libre la imaginación, loúnico que libre en mí puede volar; contemplando los desconchados del techo;buscándoles parecidos, y en este largo mes he gozado —a mi manera— de lavida como no había gozado en todos los años anteriores: a pesar de todos lospesares y preocupaciones.-Ayer me confesé; fui yo quien di el aviso al sacerdote. Vino un curita viejoy barbilampiño, el padre Santiago Ludueña, bondadoso y acongojado, caritivo y raído como una hormiga.Es el capellán, el que dice la misa los domingos, esa misa que oyen un centenar de asesinos, media docena de guardias y dos pares de monjas.
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Ayer me confesé; fui yo quien di el aviso al sacerdote. Vino un curita viejoy barbilampiño, el padre Santiago Lurueña, bondadoso y acongojado, Caritativo y raído como una hormiga.
, el que dice la misa los domingos, esa misa que oyen un centenar de asesinos, media docena de guardias y dos pares de monjas.
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