Prometo quererte siempre, prometo construir una casa sencilla y bonito, prometo cuidarte a ti y a nuestros hijos
Serpiente alada, tu que proteges a mi pueblo, tú que eres Dios de estas tierras castiga a Cunyag el forastero por su osadía
Nunash era una hermosa princesa, alegre y vivaz adornaba sus cabellos con flores, jugaba en el campo, corría y reía.
Un día llego a su pueblo Cunyag, un joven forastero, que se enamoró de ella, y quiso quedarse con ella. Cada día se acerco mas a ella hasta que abrió su corazón y pronunció palabras tiernas y bonitas, en ellas reflejaba la verdad. Nunash aceptó, y estaba muy muy feliz.
Cunyag. Cunyag!Cunyag, Cunyag!
Pero el padre de Nunash estaba muy enojad, preguntándose como era posible su hija se fuera a casar con un simple forastero ambicioso. Su cólera era tan grande que fue a despertar a la serpiente alada del lago y le habló así:
Nunash, soy la roca donde descansas, soy Nunash, el hechicero me convirtió en roca para salvarme no volveré a mi forma humana. He pedido a los Dioses que te conviertan en una hermosa montaña, para estar siempre juntos, aceptas?
Al día siguiente frente a la roca que antes fue Cunyag apareció un cerro con el perfil de una mujer dormida, esa montaña es Nunash, La bella durmiente. Nunash ahora está ahí para siempre, ya no baila, ya no canta, ya no juega, pero es siempre hermosa.
Nunash recobró su forma humana y volvió con guerreros fuertes y valientes, los guerreros vencieron a la serpiente alada, la serpiente cansada y rendida, se escondió en el lago. Entonces Nunash busco Cunyag, gritaba, pero Cunyag no respondía
Cansada de buscarlo se recostó en una roca y se quedó dormida. Cuando dormía escuchó la voz de Cunyag que le decía:
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