¡Eh, valiente, varón, Varón de Rabinal! ¿Dice eso tu voz ante el cielo, ante la tierra? No cambiare las palabras que has dicho, ante el cielo, ante la tierra, a mis labios, a mi cara. Debo decir que ejecuté mal, al principio, las ordenes de nuestro gobernador, nuestro mandatorio.
Ellos nos provocaron, ellos nos retaron.
Vengan ¡oh doce denodados, los varones; vengan a escuchar ordenes.
Más tarde
Habia dicho la voz de nuestro gobernador, de nuestro mandatario, el jefe de Teken Toh.
Como de nada había podido adueñarme aquí, debido al deseo de mi corazón, yo hice venir, yo hice tornar a los blancos niños, los blancos hijos, mientras que ellos estaban distraídos en Iximche.
Cuando los vi, mi voz dijo ante el cielo, ante la tierra: ¿No podría secuestrar a esos blancos niños, a esos blancos hijos, para que se avecinen en mis montañas, en mis valles?
Esta fue la voz que hablo a ellos al principio; en seguida a ti; debido a la miseria, el derroche, la falta de orden que hubo allí en los puestos, en los cargos públicos.
Mi voz dijo: Aquí hay, pues, un poco de estas tierras nuevas, antiguas; de las blancas espigas abiertas, de los amarillos frijoles, de los blancos frijoles.Mi voz dijo: Los conduciré ante mi gobernador, mi mandatorio, a la montaña Queché, al valle Queché.
Dieron los nombres y caras de los bandidos...
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