Si es un hombre el que toca la música, me gustaría tenerlo en mi palacio, y si es un ave, en mi jardín.
¿Qué suena? ¿Qué vibra? ¿Qué canta?
¡Tráiganlo inmediatamente!
Sí, señor.
El inca se encontraba en la terraza admirando la caída del sol cuando escucho una melodía, la cual despertó una cierta curiosidad en él. El sonido era una mezcla de alegría y dolor ¿Será un ave?¿Un hombre?, se preguntaba a sí mismo.
Soy, Viracocha, del ayllu vecino a la Ciudad Imperial.No me enseñó nadie, Poderoso. Fue el dolor. Lloro porque mi amada se ha perdido.
¿Quién eres? ¿Quién te enseñó a tocar la flauta? y ¿Por qué es tan triste tu canción?
El inca regresa de la terraza y se encuentra con su esposa, que le pregunta que es lo que estaba sonando, a lo que sus esposo le comenta lo mucho que quisiera tener a esa persona o animal que hace esa melodía en su palacio.
El Inca, tu padre, quiere serte favorable: el Hijo del Sol te dará lo que quieras. Pide.
Al enterarse de que era una persona la que tocaba el instrumento, mando a varios grupos de sus servidores a buscarlo lo más rápido posible.
Desde hoy vivirás en mi palacio yen mis jardines, donde tu alma olvidará tu dolor y tu quena alegrará el castillo. Tocarás en la quena. ¡Voy a hacerte feliz!
Sus servidores lo encuentran y lo llevan al palacio, para luego ser interrogado por el inca, el musico responde todas las preguntas apenado por no poder encontrar a su amada.
El inca comienza a recorrer todo el palacio hablándole al musico sobre lo mucho que el quería que tocara la quena en su palacio y que le daría todo lo que quiera si lo hace.
El musico continua escuchando todo lo que el inca estaba dispuesto a darle si se quedaba en el palacio a tocar.
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