Y se escondió en el barrilito de lamiel dejando fuera sólo la nariz. Pero de repente pensó:
¡Por el amor de Dios, la Muerte es astuta! ¡Me encontrará en el barrilito de la miel y me llevará consigo!
Salió del barrilito y fue a esconderse en una cesta llena de plumas de ganso. Pero de repente pensó:
¡Por el amor de Dios, la Muerte es astuta! Me encontrará también en la cesta
En el momento en que salía de la cesta, la Muerte entró en la habitación. Miró a su alrededor y no llegó a ver a la vieja por ninguna parte. En su lugar vio una figura terrible, espantosa, toda cubierta de plumas blancas y con un líquido espeso que se escurría por su cuerpo. No podía ser un pájaro, tampoco una persona: era, sin duda, algo terrible de ver.
La Muerte se asustó tanto que puso pies en polvorosa, huyó y nunca más volvió a buscar a la vieja.