El Caballero junto a Ardilla y Rebeca, marchan hacia el castillo de la voluntad y la osadía. Este confiado de que atravesaría el castillo con facilidad.
¿Quieres que me tire?
Dejate ir y confía.
Aunque este universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido.
Lo que estos no sabían es que dentro del castillo se encontraba un dragón como ningún otro. El Caballero se llenó de miedo y huyó.
Todo fue mi culpa.
Ya no tengo miedo.
Reflexionar
Soy la causa no el efecto.
El Caballero recordó que no necesitaba probar nada. Era bueno, generoso y amoroso. Con valentía se enfrentó con confianza al dragón y este poco a poco se volvió mas pequeñó, ya que el dragón no era más que una ilusión.
Casi muero por todas las lágrmias que no derramé.
Centímetro a centímetro, palmo a palmo, el Caballero escaló, con los dedos ensangrientados por tener que aferrarse a las afiladas rocas. En la cima de la montaña se encontraba una inscripción y este tuvo que reflexionar. Debía dejarse ir.
El Caballero se lanzó por el abismo infinito y comenzó a ver sus errores del pasado y a reflexionar de ellos. Al comenzar a ver su vida con claridad, empezó a caer hacia arriba y a sentirse profundamente conectado con su interior.
Responsabilidad
Aceptación
Al dejar de caer se encontró de pie en la cima de la montaña y comprendió el significado de la roca. Había soltado todo aquello que había tenido y todo aquello que había sabido y poseído. La voluntad de conocer lo desconocido lo había liberado de su armadura.
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