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caricatura
Updated: 9/4/2020
caricatura
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Storyboard Text

  • No, no tiene derecho. Ha llegado un poco tarde. Yo estaba antes que usted. Y no hay la excusa del parecido, pues no se trata de semejanza, sino de substitución. Pero prefiero que usted mismo se explique...
  • Octavio Paz...ENCUENTRO
  • Octavio Paz...ENCUENTRO
  • Sea hombre, amigo. Sea responsable de sus actos. Le voy a enseñar a no meterse donde nadie lo llama...
  • No pretenda ningunearme. No se haga el tonto.
  • Le ruego que me perdone, señor, pero no creo conocerlo.
  • Octavio Paz...ENCUENTRO
  • Ha de ser un error. Y además, ésas no son maneras de tratar a la gente. Conozco al señor y es incapaz.
  • Usted se equivoca. No sé qué quiere decirme
  • Es curioso, pero me parece haberlo visto antes. Y sin embargo no podría decir dónde.
  • Al rato de andar se detuvo ante un pequeño bar y atravesó su puerta roja Unos segundos después yo estaba en la barra del mostrador, a su lado. Pedí una bebida cualquiera mientras examinaba de reojo las hileras de botellas en el aparador, el espejo, la alfombra raída, las mesitas amarillas, una pareja que conversaba en voz baja. De pronto me volví y lo miré larga, fijamente. El enrojeció, turbado.
  • Octavio Paz...ENCUENTRO
  • Usted es forastero, señor, no lo niegue. Pero yo voy a tomarlo bajo mi protección. ¡Ya le enseñaré lo que es México, Distrito Federal!
  • Voy a explicarles la situación. Esto señor nos engaña, esto señor es un impostor...
  • Mientras lo veía, pensaba (con la certeza de que él oía mis pensamientos): Él sonreía débilmente. Parecía no comprender. Se puso a conversar con su vecino. Dominé mi cólera y, tocando levemente su hombro, lo interpelé:
  • Octavio Paz...ENCUENTRO
  • -No me venga con cuentos estúpidos. Deje de fregarnos y buscar camorra.-Y usted es un imbécil y un desequilibrado
  • Octavio Paz...ENCUENTRO
  • Empezó a preguntarme por mi infancia, por mi estado natal y otros detalles de mi vida. No, nada de lo que le contaba parecía recordarle quién era yo. Tuve que sonreír. Todos lo encontraban simpático. Tomamos algunas copas. Él me miraba con benevolencia.
  • ¿De veras no me conoces? ¿No sabes quién soy?
  • Su calma me exasperaba. Casi con lágrimas en los ojos, sacudiéndolo por la solapa, le grite:
  • ¿y si no fuera él, sino yo...?
  • Me sentí solo, expulsado del mundo de los hombres. A la rabia sucedió la vergüenza. No, lo mejor era volver a casa y esperar otra ocasión. Eché a andar lentamente. En el camino, tuve esta duda que todavía me desvela:
  • Si se le ocurre volver, llamaremos a la policía
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