Emprendimiento, historieta 2

Updated: 10/1/2021
Emprendimiento, historieta 2

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  • - "Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme."
  • - "Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano."
  • No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
  • - "Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo..."
  • - "Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?"
  • - "Hagamos un trato", dijo el vecino. "Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?"
  • A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.
  • - "No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula."
  • Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
  • - "Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras."
  • - "Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?"
  • “...No todos disponemos de cuatro días para hacer compras”, recordaba.
  • - "Sí..."
  • El ex–portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
  • Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.
  • Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón. Luego le hizo una entrada más cómodo y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio.
  • Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
  • Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no? las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos...Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.