La Ilíada

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CANTO VII

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  • Queréis favorecer al pernicioso Aquiles, el cual concibe pensamientos no razonables, tiene en su pecho un ánimo inflexible como un león que dejándose llevar por su gran fuerza y espíritu soberbio, se encamina a los rebaños de los hombres para aderezarse un festín: de igual modo perdió Aquiles la piedad y ni siquiera conserva el pudor que tanto favorece o daña a los varones. . 
  • Sois, oh dioses, crueles y maléficos. ¿Acaso Héctor no quemaba en honor vuestros muslos de bueyes y de cabras? Ahora, que ha perecido, no os atrevéis a salvar el cadáver y ponerlo a la vista de su esposa, de su madre, de su hijo, de su padre Príamo y del pueblo, que al momento lo entregarían a las llamas y le harían honras fúnebres
  • Sería como dices, oh tú que llevas arco de plata, si á Aquiles y a Héctor los tuvierais en igual estima. Pero Héctor fue mortal y dióle el pecho una mujer; mientras que Aquiles es hijo de una diosa a quien yo misma alimenté y crie y casé luego con Peleo.
  • ¡Hera! No te irrites tanto contra las deidades. No será el mismo el aprecio en que los tengamos; pero Héctor era para los dioses, y también para mí, el más querido de cuantos mortales viven en Troya, porque nunca se olvidó de dedicarnos agradables ofrendas.
  • Mientras seguía la discusión e los dioses, Zeus envió a llamar a Tetis madre de Aquiles
  • Ven, Tetis, pues te llama Zeus, el conocedor de los eternales decretos.
  • Y se levanto Tetis de la playa y fue a ver a su hijo Aquiles.
  • 
  • Sea así. Quien traiga el rescate se lleve el muerto; ya que, con ánimo benévolo, el mismo Olímpico lo ha dispuesto.
  • ¡Hijo mío! ¿Hasta cuándo dejarás que el llanto y la tristeza roan tu corazón, sin acordarte ni de la comida ni del concúbito? Bueno es que goces del amor con una mujer.
  • Príamo entro en la tienda de Aquiles y Príamo suplicó á Aquiles, dirigiéndole estas palabras:
  • ¡Ah infeliz! Muchos son los infortunios que tu ánimo ha soportado. ¿Cómo te atreviste a venir solo a las naves de los aqueos y presentarte al hombre que te mató tantos y tan valientes hijos? De hierro tienes el corazón.
  • Acuérdate de tu padre, oh Aquiles, semejante á los dioses, que tiene la misma edad que yo y ha llegado a los funestos umbrales de la vejez.
  • Cuando estuvieron dentro de Troya habían puesto centinelas por todos lados, para vigilar si los aqueos, de hermosas grebas, los atacaban. en el palacio del rey Príamo, alumno de Júpiter, celebraron el espléndido banquete fúnebre. Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos.
  • Aquiles llamó entonces a los esclavos y les mandó que lavaran y ungieran el cuerpo de Héctor.
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