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نص القصة المصورة

  • El cachorrito trataba de curarle las heridas, pero era grande para el tamaño del ciempiés . Popi, el perrito, se había puesto muy nervioso. Inquieto, más que arreglarle algunas de las tantas patitas que tenía Muchaspatas, terminó enredándole unas con otras, lo cual aumentó el dolor.Gregoria, quien con su modo pausado pudo ordenar las patitas del ciempiés y comenzar a curarlo tan suavemente que no le hizo doler ni un poquito. La gran experiencia de Gregoria le decía que era necesario pedir más ayuda.
  • No señor, esto igual necesita un especialista. Hay que llevarlo al Sapo doctor.
  • No es nada ¡Está exagerando, qué ciempiés más flojo!
  • Déjame a mi
  • ¡Me estás lastimando más! no me ayudes mejor
  • El problema era que hacía mucho que no lo veían y ya nadie recordaba en qué agujero se habría metido el sapo. Hicieron memoria, pero había pasado tanto tiempo que nadie pudo recordarlo.Todos quedaron sorprendidos por la memoria de la tortuga, el sapo se había metido allí hacía ya muchísimo tiempo. Ahora había que llevar a Muchaspatas hasta aquel agujero que quedaba al otro lado del jardín. Muchos animales se ofrecieron a llevar al ciempiés, pero por una razón o por otra le hacían daño, así que , Gregoria se ofreció a llevarlo en su caparazón.
  • Yo te llevo
  • ¡Ya se! Está en el agujero al lado de la pileta. No recuerdo que comí ayer, pero de esto me acuerdo perfecto.
  • Gracias, aquí voy mucho mejor.
  • Los demás animalitos también habían ido, pero por supuesto habían llegado mucho antes.Como todos esperaban, el Sapo Doctor curó al ciempiés, le puso un remedio y le vendo ochenta de sus cien patitas, lo cual llevó su buen tiempo. Cuando todo terminó y Muchaspatas ya estaba vendadito y listo para volver a casa, empezaron a pelearse entre todos los animalitos a ver quién lo llevaba. Nadie pudo convencer al ciempiés que volvió feliz y contento muy cómodamente acostadito sobre el caparazón de Gregoria.
  • Y no olvidaremos donde vives
  • ¡Pero todos nosotros somos más rápidos!
  • ¡YO TE LLEVO!
  • Dejen chicos gracias, yo prefiero irme con Gregoria, si no les molesta.
  • ¡NO, LA LLEVO YO!
  • Gregoria hubiera querido abrazar a Muchaspatas, pero no le era fácil semejante movimiento, le concedió una sonrisa arrugadita pero preciosa y comenzaron el viaje de regreso.
  • No entiendo, ¿por qué me elegiste a mí? Soy lenta, viejita, tal vez no recuerde a dónde tengo que llevarte…
  • Tu me ayudaste más que nadie Gregoria. Fuiste la única que recordó dónde encontrar al sapo, me curaste tan suavemente que no me dolió, me llevaste tan despacito a lo del doctor que ni me di cuenta y me enseñaste algo muy, pero muy importante.
  • Me enseñaste que ser mayor no es malo, que la experiencia que te dan los años es muy importante, que ser más lento no es ser peor. Que las arrugas pueden no molestar si se las sabe llevar, que puede haber olvidos, pero que las cosas importantes se siguen recordando.
  • Los demás animalitos, se sentaron a esperar al herido. Estaban avergonzados porque también ellos habían entendido que no habían sido piadosos con la vieja tortuga y reconocían que sin Gregoria, el pobre ciempiés no habría podido curarse. Todos se apresuraron, ya no a ver cómo se sentía Muchaspatas, sino a disculparse con Gregoria. Los años traen mucho más que arrugas y entre las tantas cosas lindas que nos dan, está la sabiduría. Gregoria era una tortuga sabia y no guardaba rencor a nadie pues sabía bien que el rencor no es un buen sentimiento. Las cosas en el jardín de Doña Ana empezaron a cambiar. Por decisión de todos, la vieja tortuga se convirtió en la directora técnica de quienes jugaban al fútbol. Le sobraba experiencia y no era necesario ser rápido para ello.
  • ¡LO SENTIMOS MUCHO GREGORIA!
  • A la hora de jugar a las escondidas, consultaban a Gregoria sobre aquellos escondites más lejanos y de los cuales ya nadie se acordaba. La tortuga se divertía más que nunca pues era la única que sabía dónde estaba cada uno.Todos los animalitos habían entendido que no importa los años que uno tenga, sino las ganas que tenga de vivirlos y que, un día u otro, todos seremos grandes y que a cada edad hay que encontrarle su parte buena, porque de verdad la tiene.Fin.
  • Detrás de la casa hay un hueco con matorrales maravilloso para esconderse, ¡seguro que ganáis!
  • ¿Dónde nos podemos esconder Gregoria?
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