El embajador de Españaen este punto se apeaen el zaguán, y desea, con ira y fiereza estraña,hablarte, y si no entendíyo mal, entiendo es prisión.
¿Prisión? Pues, ¿por qué ocasión?Decid que entre.
Quien así con tanto descuido duermelimpia tiene la conciencia.
Cuando viene Vuexcelencia a honrarme y favorecerme,no es justo que duerma yo; velaré toda mi vida.¿A qué y por qué es la venida?
Si el rey, mi señor, se acuerdade mí en aquesta ocasión, será justicia y razónque por él la vida pierda.Decidme, señor, ¿qué dichao qué estrella me ha guiado,que de mí el rey se ha acordado?
Porque aquí el rey me envió.
Fue, duque, vuestra desdicha.Embajador del rey soy;dél os traigo una Embajada.Marqués, no me inquieta nada; decid, que aguardando estoy.
A prenderos me ha enviadoel rey; no os alborotéis.
Mejor lo sabéis que yo; mas, por si acaso me engaño,escuchad el desengañoy a lo que el rey me envió.Cuando los negros gigantes,plegando funestos toldos, ya del crepúsculo huyen tropezando unos con otros.
¡Vos por el rey me prendéis!Pues, ¿en qué he sido culpado?
Dejadme, no me digáis tan gran traición de Isabela. Mas si fue su honor cautela,proseguid, ¿por qué calláis?Mas si veneno me dais,que a un firme corazón toca, y así a decir me provoca,que imita a la comadreja,que concibe por la oreja,para parir por la boca.
Digolo que al mundo es ya notorioy que tan claro se sabe:que Isabela por mil modos...
¿Qué dices?
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