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  • La ventura va guiando nuestras cosas mejor delo que acertáramos a desear, porque ves allí,amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quienpienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre lafaz de la tierra.
  • ¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.-Aquellos que allí ves -respondió su amo- de losbrazos largos, que los suelen tener algunos decasi dos leguas.-Mire vuestra merced -respondió Sancho- queaquellos que allí se parecen no son gigantes, sinomolinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento,hacen andar la piedra del molino.-Bien parece -respondió don Quijote-
  • Pero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin dudaalguna, eran molinos de viento, y no gigantes,aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puestoen que eran gigantes, que ni oía las voces de suescudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas:
  • Calla, amigo Sancho -respondió don Quijote-,que las cosas de la guerra, más que otras, estánsujetas a continua mudanza; cuanto más que yopienso y es así verdad, que aquel sabio Frestón,que me robó el aposento y los libros, ha vueltoestos gigantes en molinos por quitarme la gloriade su vencimiento: tal es la enemistad que metiene; mas, al cabo al cabo, han de poder pocosus malas artes contra la bondad de mi espada.-Dios lo haga como puede -respondió SanchoPanza.
  • Yo me acuerdo haber leído que un caballero español, llamado Diego Pérez de Vargas,habiéndosele en una batalla roto la espada, desgajó de una encina un pesado ramo o tronco, ycon él hizo tales cosas aquel día, y machacótantos moros, que le quedó por sobrenombre«Machuca», y así él como sus descendientesse llamaron, desde aquel día en adelante,
  • disculpándose que no halló másescrito destas hazañas de don Quijote de lasque deja referidas. Bien es verdad, que el segundo autor desta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes delolvido, ni que hubiesen sido tan poco curiososlos ingenios de la Mancha que no tuviesen ensus archivos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso caballero tratasen; y así,con esta imaginación, no se desesperó de hallarel fin desta apacible historia, el cual, siéndole elcielo favorable, le halló del modo que se contaráen la segunda parte.
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