Estando una mañana haciendo el bobo le entróun hambre espantosa
¡Este me come seguro!
¿Puedo pasar señora?
Y, claro, no se había equivocado: se convirtió la abuela en alimento en menos tiempo del que aquí te cuento. Lo malo es que era flaca y tan huesuda que al lobo no lo fue de gran ayuda
Sigo teniendo un hambre aterradora … ¡Tendré que merendarme otra señora!
Y, al no encontrar ninguna en la nevera, gruñó con impaciencia aquella fiera
¡Esperaré sentado hasta que llegue Caperucita Roja de la Selva!
Para oírte, que las viejas somos un poco sordas.
Y porque no se viera su fiereza, se disfrazó de abuela con presteza, se dio laca en las uñas y en el pelo, se puso la gran falda gris de vuelo, zapatos, sombreritos, una chaqueta y se sentó en espera de la nieta. Llegó Caperu a mediodía.
¡Claro , hijita, son las lentillas nuevas que me ha puesto para que pueda verte Don Ernesto
¿Cómo estás, abuela mía?Por cierto,#160; ¡me impresionan tus orejas!
¡Abuelita qué ojos tan grandes tienes!
¡Que imponente abrigo de pelo llevas este invierno
El lobo estupefacto
¡UN CUERNO!
¡Ahora te toca hablar de mis dientes! ¿Me estás tomando el pelo...?
O no sabes el cuento o me mientes
Pero ella se sentó en un canapé y se sacó un revólver del corsé, con calma apuntó bien a la cabeza y ¡pam! allí cayó la buena pieza.
Oye, mocosa, te comeré ahora mismo y a otra cosa#160;
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