Eulalia quedó convencida hasta que pasó más del tiempo pactado de su regreso y no había señales de su amado. A partir de esta decepción amorosa, Eulalia jamás volvió a ser la misma. Malhumorada y llena de amargura atendía con desprecio e indiferencia a los enfermos al grado de cometer negligencias.
En lo profundo de su soledad, la reflexión le ablandó el corazón y falleció con el profundo anhelo de enmendar de alguna forma sus errores. Tras la muerte de Eulalia, surgieron cientos de testimonios de gente quien dijo haber visto a una mujer con las características inconfundibles de Eulalia, La Planchada.
Pero para su sorpresa...
Eulalia, hay un enfermo en la camilla numero 35, por favor dale suero y estate al tanto su estado ya que llego con un alto grado de hepatitis b y disminución de la entrada de oxígeno en el pulmón derecho.
Para que atenderlo si ya está en las últimas, de todos modos morirá; todos en este hospital son una pérdida de tiempo.
Nunca había escuchado que dijeras eso, creo que lo mejor seria que te tomaras unas vacaciones y descansaras. Tal vez toda la carga del trabajo y el estrés te están malhumorando.
No, está bien yo seguiré atendiendo, pero solo con decirte desde ahorita que todos morirán.
Al despertarse corrían junto a los enfermos para darle la medicación o curas olvidadas.
¡ Vayamos a atender a cualquier enfermo de inmediato !
No se preocupe, una enfermera rubia de ojos claros y muy bien vestida.
¿Está bien? Me quedé dormida, lo siento mucho
No hay ninguna enfermera así...
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