Te lo he dicho ya, y es inútil decirlopor más halagüeña que sea para mí la elección de un caballero como don Francisco, mi resolución es irrevocable.
Pero Señora, no podéis persistir en semejante idea. Encerraros en un claustro, a los diez y ocho años, y renunciar al lisonjero porvenir que os aguarda, no puede hacerse sino por motivos muy graves. Reflexionad bien antes de decidiros; pensad, sobre todo, en la pena que eso causaría a vuestro ilustre padre...
Melchora, sabes que amo y respeto a mi padre más que a nadie en este mundo, y no querría, por nada de esta vida, ocasionarle la más ligera desazón. Pero no puedo, no debo dar la mano a un hombre a quien no amo. Mi único anhelo es ser esposa de Jesucristo; y desde el retiro a que me habré consagrado con la plenitud de mi voluntad, rogaré a Dios por el Adelantado y le pediré día y noche favorezca sus empresas y que le haga olvidar a su desventurada hija.
Señora, estáis aún muy joven, permitidme os lo diga, para tomar semejante partido; y debierais oír los consejos de vuestra familia, de vuestro padre que tanto os ama y de doña Beatriz, en quien habéis encontrado una segunda madre.
Entre los señores que podrían aspirar a vuestra mano, nadie más digno que elhermano político de vuestro padre. Emparentado con una de las más ilustres familias deCastilla, animoso en la guerra y sabio en el consejo, don Francisco de la Cueva estállamado a los más altos empleos en servicio del Rey. Desde luego, se le designa yacomo la persona a quién el Adelantado mi señor encomendará el gobierno del reino,cuando se verifique la expedición proyectada. Don Francisco ha desempeñadoya estasfunciones a satisfacción de todos
Si,en unión de otro caballero que tiene tantos derechos como él a esa distinción; de don Pedro de Portocarrero.
Verdad es
pero ser cierto el rumor que hoy circula en Palacio, el señor de Portocarrero tiene que pasar ahora por una dura prueba, que acaso lo inhabilitará, humillando algún tanto su justa arrogancia.
¿Humillar dices? ¿Y quién en este mundo es capaz de humillar a Portocarrero? ¿De qué rumor hablas?
Dime inmediatamente lo que hay, quiero y debo saberlo todo.
Señora, es una cosa que no puede interesaros...
¿Y bien?
Pues ya que lo ordenáis, os diré que los jueces del torneo han pronunciado su sentencia respecto al incidente ocurrido ayer entre don Pedro y el Veedor Ronquillo...
Han condenado al señor de Portocarrero a dar satisfacción pública a don Gonzalo.
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