Cuando la razapa entró, cargada con el haz de leña que acababa de me rodear en el monte del señor amo, el tío Clodio no levantó la cabeza, entregado a la ocupación de picar un cigarro,
Después, con la lentitud de las faenas aldeanas, preparó el fuego, lo prendió, desgarró las berzas, las echó en el pote negro,...
¿Cuál novidá?
¿Qué novidá es esa?
Gasto medias, gasto medias -repitió sin amilanarse-. Y si las gasto, no se las debo a ninguén.
¿Ahora me gastas medias, como la hirmán del abade?
¡No nacen!... Vendí al abade unos huevos, que no dirá menos él... Y con eso merqué las medias.
Luego nacen los cuartos en el monte -insistió el tío Clodio con amenazadora sorna.
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