El lago encantado es tranquilo, circular y rodeado de montañas cubiertas de vegetación. Antes de la conquista española habitaban aquellas regiones, vasallos de los incas habitaban esa región. El curaca poseía una urna de oro.
La esposa del curaca, Ima, tuvo sueños de mal agüero. Las hojas de los árboles caían, lo que significa desgracia. Ella también vió una bandada de pájaros que volaba hacia el norte.
El curaca se preparó a partir con sus tropas.
Prometo
Antes de dejarla caer en manos enemigas, arrojarla al lago sombrío, oculto en medio de la sierra.
Un día caravanas de riquezas maravillosas cruzaban el país. Una de las caravanas paró en la casa del curaca. El jefe que recogió los objetos de oro y plata notó que Ima apartaba la urna. Ima le explicó el motivo por que guardaba la urna pero el guerrero no le interesó la explicación. El guerrero quiso quitarle el objeto sagrado por la fuerza. Los criados de la casa acudieron y hubo una lucha. En la confusión del combate, Ima escapó con el tesoro. El jefe la vió huir y la siguió.
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Ellos corrían a través del valle hasta el lago. Allí el guerrero alcanzó a Ima cuando ella levantaba los brazos con la urna. Ellos luchaban. Ima se libró de las manos del guerrero, alzando la urna, y se arrojó con ella al agua.
El lago se illuminó pronto con una luz color de oro. Duró por algunos instantes. El resplandor se apagó y el guerrero vio el lago tranquilo en la sombra. El guerrero estuvo lleno de espanto porque él creían que el fenómeno extraordinario provenía de la urna sagrada y que los dioses iban a castigarle. Él volvió la espalda al lago y huyó loco a través de las selvas.
Al día siguiente hallaron el cuerpo sin vida del indio. La urna no cayó en manos de los conquistadores.
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