La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos adesear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
¿Qué gigantes?
Mire vuestra merced que aquéllos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
Aquéllos que allí ves de los brazos largos, que lossuelen tener algunos de casi dos leguas.
Bien parece que no estás cursado en esto de lasaventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
Con la lanza en el ristre,arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.
―Non fuyades, cobardes y viles criaturas; que un solo caballero es el que os acomete. Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:―Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
―¡Válame Dios! ―dijo Sancho―. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno,y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.
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