Calla, he dicho. ¿No hay nadie aquí? Debía contestarme mi hijo. Pero mi hijo es ya un brazado de flores secas. Mihijo es ya una voz oscura detrás de los montes .
Vente a mi casa; no te quedes aquí.
¿Te quierescallar? No quiero llantos en esta casa. Vuestras lágrimas son lágrimas de los ojos nadamás, y las mías vendrán cuando yo esté sola, de las plantas de los pies, de mis raíces, yserán más ardientes que la sangre.
Aquí. Aquí quiero estar. Y tranquila. Ya todos están muertos. A medianoche dormiré, dormiré sin que ya me aterren la escopeta o el cuchillo. Otras madres se asomarán a las ventanas, azotadas por la lluvia, para ver el rostro de sus hijos.
Yo, no. Yo haré con mi sueño una fría paloma de marfil que lleve camelias de escarcha sobre elcamposanto. Pero no; camposanto, no, camposanto, no; lecho de tierra, cama que loscobija y que los mece por el cielo.
Ten caridad de ti misma.
Quítate las manos de la cara. Hemos de pasar díasterribles. No quiero ver a nadie. La tierra y yo. Mi llanto y yo. Y estas cuatro paredes.¡Ay! ¡Ay!
He de estar serena. Porquevendrán las vecinas y no quiero que me vean tan pobre. ¡Tan pobre! Una mujer que notiene un hijo siquiera que poderse llevar a los labios.
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