Dafne seguía corriendo, con los muslos desnudos al sol y con el cabello salvaje al viento. Apolo ya estaba cansado de pedirle que se detuviera, así que aumentó la velocidad. Las alas del amor le dieron al dios de la luz y de la verdad una celeridad que jamás había alcanzado; no le daba respiro a la joven, hasta que pronto ella se estuvo dentro de ella. Ya sin fuerzas, Dafne podía sentir la respiración de Apolo sobre sus cabellos.
¡Ayúdame, padre! ¡Ayúdame!
No acaba de pronunciar sus palabras, cuando sus brazos y piernas comenzaron a tornarse pesados hasta volverse leñosos. El pelo se le convirtió en hojas y los pies en raíces q empezaron a internarse en la tierra. Había sido trasformada en el árbol del laurel, y nada había quedado de ella, salvo su exquisito encanto. Apolo se abrazó a las ramas del árbol como si fueran los brazos de Dafne y , besando su carne de madera, apretó las manos contra el tronco y lloró.
Siento que tu corazón late bajo esta corteza. Y como no podrás ser mi esposa, serás mi árbol sagrado. Usaré tu madera para construir mi harpa y fabricar mis flechas, y con tus ramas una guirnalda para mi frente. Héroes y letrados serán coronados con tu hojas, y siempre serás joven y verde, tú, Dafne, mi primer amor.
FIN
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